Arlt, se te fue la mano: tu cross de derecha fue directamente a nuestro cerebro.


 Recuerdo volver de la facultad hacia mi casa en el colectivo (324) repleto (para ser educado), con señoras adentro pidiéndole a los especímenes masculinos que sedan su lugar a varias mujeres hermosamente embarazadas, mientras yo, parado, (codazos y pisadas de por medio) terminaba de leer Los Lanzallamas.
 Siempre pienso en Roberto Arlt como un tipo sufrido, que se educo a los golpes, leyendo las peores traducciones de los grandes clásicos, luego con un trabajo asfixiante que apenas le dejaba huecos horarios para poder escribir.
 Quisiera que este articulo solo sea como una nota en un cuaderno, aislada y escrita en el margen, pero resaltada con fibron (rosa o verde, si es que no tienen rojo). Equivocademente suele referirse a la siguiente novela, como si fueran dos novelas independientes entre sí. Los siete locos y Los lanzallamas, forman un diptico compuesto por una historia que es una gigantesca conjunción de historias individuales devenidas en grupales, con un basto elenco de personajes prodigiosamente delineados por el bastardeado Roberto.
 Remo Erdosain acaba de estafar a la empresa en donde él mismo trabaja. Pequeño detalle, ha sido descubierto. Las correspondientes autoridades lo encaran y le piden que reintegre el dinero que se trago. Desesperado deambula por una ciudad que imaginamos oscura, ya a punto de anochecer, poblada de muchachos peligrosos y señoritas venidas a menos, una ciudad antro, buscando alguna solución para su presente problema. De esto mismo, decanta una de las mejores escenas de la obra, después de la cual uno evidentemente queda pegado al libro  como las diabólicas catitas que se pegan a la lampara de la cocina en verano. Remo encuentra en una bar,a Ergueta, un farmacéutico que esta empezando a trastornarse con el temita de la biblia y la religión y le pide prestado el dinero (600 pesos, aprox). Este, después de que Remo se lo chamuyo durante varios minutos, lo saca corriendo diciéndole raja turrito, raja.
 El derrotero de remo seguirá un forma de espiral, no, mejor dicho en forma de camino vertical que solo puede llegar, llegar, a concluir en una explosión en la cual todo su circulo saldrá con algo más que la cara quemada.
 El Astrólogo es otro los protagonistas de la novela, un tipo extravagante, por momentos delirante (pero de verdad nunca lo es. Sabe todo, esta en todo, sabia como iba a terminar todo), que planea formar una sociedad para realizar un revolución social sin precedentes. Remo es invitado a formar parte de esta y acepta. Varios camaradas-mutantes mentales se les sumaran en la aventura, entre ellos El rufián melancólico, dueño de varios burdeles, en parte, la fuente de donde saldrá el dinero para llevar a cabo los planes del Astrólogo (la logística de este es tan detallada por Arlt, que en una parte del libro aparecen dibujos de planos de unos inventos de Remo quiere construir (Una constante en Arlt, los inventos). Aparte, la mujer de Erdosain lo abandona, escapa con un capitán (Remo es humillado por estos dos un una escena dramáticamente demencial) y otros varios aditivos más.
 David Viñas dijo una vez que la obra (Los siete locos y Los lanzallamas) puede ser pensada como, la novela de Erdosain o como la novela del Astrólogo, tal es el peso del personaje del Astrólogo, que solo parece quedar relegado por Erdosain (en la marquesina mental de casa quien) por orden de aparición el el libro.
 La novela va subiendo la apuesta, planes, reuniones con personajes despreciables, dudosos (dudoso como posibles traidores), tanto que uno no ve la hora de que la revolución llegue, que Arlt la narra, y, mientras tanto, tras mil monólogos interiores y exteriores (permitidme la segunda expresión), nuestro cerebro se va oscureciendo hasta el punto tal de generar un real dolor de cabeza en el lector: recuerden, lo que se narra aquí, es la miseria, el manejo, lo putrefacto de una sociedad envuelta en la desesperación de su propia pobreza de vida, algo no recomendable para gente impresionable.
 Arlt mismo escribió el prologo de los lanzallamas, un escrito excepcional que motiva a escribir en cualquier parte, nos dice que escribir, en definitiva, es un lujo, denuncia entre lineas a supuestos escritores que escriben mientras corren el riesgo de acalambrase las pelotas de tanto rascarselas (tal vez se manda un poco la parte, pero bueno, quien no lo hace), en fin, es (el prologo) el empuje que varios flojos necesitamos para hacer lo que supuestamente nos gusta hacer.

 Lean a Arlt, pero yo les avise, leerlo no es un juego, aunque la lectura se disfrute.
 Salud de estafa.

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